IA Filantrópica: Roberto Isaías analiza cómo usarla con propósito

La IA Filantrópica empieza a modificar la manera en que fundaciones, donantes y organizaciones sociales investigan problemas, administran recursos, se comunican con sus comunidades y evalúan resultados.

Su valor, sin embargo, no depende de utilizar más herramientas, sino de tomar mejores decisiones sin debilitar la confianza que sostiene la acción filantrópica.

Resumen ejecutivo

La inteligencia artificial ya se utiliza en fundaciones y organizaciones sin fines de lucro para redactar contenidos, analizar información, apoyar la captación de fondos y mejorar procesos internos. Sin embargo, los estudios disponibles muestran que la adopción está creciendo con mayor rapidez que la gobernanza, la capacitación y la medición de resultados.

Una estrategia responsable debe distinguir entre automatizar tareas, mejorar decisiones y financiar soluciones de inteligencia artificial para el bien público. También debe proteger los datos de donantes y beneficiarios, revisar los posibles sesgos, documentar cómo se toman las decisiones y mantener supervisión humana en asuntos sensibles.

La oportunidad no consiste en convertir la filantropía en un proceso automatizado. Consiste en liberar tiempo, detectar necesidades y dirigir recursos con mayor precisión, sin reducir a las personas a perfiles, predicciones o puntuaciones generadas por un sistema.

¿Qué es la IA Filantrópica?

En este artículo, el término describe el uso o financiamiento responsable de sistemas de inteligencia artificial para apoyar donaciones, concesión de subvenciones, operaciones de organizaciones sociales, medición de impacto y soluciones orientadas al bien público.

No se limita a emplear un asistente generativo. Incluye decisiones sobre datos, gobernanza, equidad, participación comunitaria, evaluación de riesgos y responsabilidad por los resultados.

Respuesta rápida

La inteligencia artificial puede aportar valor a la filantropía cuando resuelve una necesidad claramente definida, utiliza datos legítimos y proporcionales, mantiene revisión humana, documenta sus límites y mide resultados vinculados con la misión. Cuando se adopta únicamente por presión tecnológica, puede aumentar los costos, reproducir sesgos y deteriorar la confianza.

Cinco ideas clave

  • La velocidad de procesamiento no equivale a impacto social.
  • La automatización debe comenzar por tareas de bajo riesgo y fácil verificación.
  • Los datos de beneficiarios requieren más protección que una base convencional de marketing.
  • Las comunidades afectadas deben participar antes de financiar o desplegar una solución.
  • Toda inversión necesita indicadores de misión, riesgo, equidad y sostenibilidad.

Un sector con recursos crecientes y capacidades desiguales

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Las donaciones privadas a organizaciones benéficas de Estados Unidos alcanzaron una cifra estimada de 617.200 millones de dólares en 2025, un aumento nominal de 5,7 %. Dentro de ese total, las fundaciones aportaron aproximadamente 117.150 millones de dólares. Estas cifras muestran la dimensión económica del sector y la importancia de que sus decisiones tecnológicas estén sujetas a criterios rigurosos.

La adopción de inteligencia artificial ya es amplia, aunque las cifras varían según la muestra, el tipo de organización y la definición de “uso”. El Center for Effective Philanthropy encontró que casi dos tercios de las fundaciones y organizaciones sin fines de lucro encuestadas utilizaban IA principalmente en productividad interna y comunicaciones. El mismo estudio señaló que el 90 % de los líderes de fundaciones no ofrecía apoyo financiero ni asistencia no monetaria para que sus beneficiarios implementaran estas herramientas.

Otra investigación, realizada en diciembre de 2025 entre 346 organizaciones sin fines de lucro, registró un 92 % de uso en alguna capacidad, pero solo un 7 % reportó mejoras importantes en su capacidad para cumplir la misión. Como se trata de una encuesta comercial concentrada en captación de fondos, sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a todo el sector, aunque sí ilustran la distancia entre experimentar con herramientas y producir una transformación medible.

El mapa de decisión antes de incorporar inteligencia artificial

La pregunta inicial no debería ser qué plataforma comprar, sino qué problema merece una intervención tecnológica y qué evidencia permitiría saber si funcionó.

EscenarioDecisión recomendadaEvidencia necesariaLímite que debe respetarse
Redacción y síntesis internaIniciar con un piloto supervisadoAhorro de tiempo, tasa de correcciones y calidad finalNo cargar información confidencial en herramientas no autorizadas
Investigación de subvencionesUsar IA para organizar y explorar datosFuentes rastreables y revisión de cada coincidenciaNo presentar recomendaciones automáticas como hechos
Segmentación de donantesAplicar únicamente con gobernanza de datosConsentimiento, calidad del dato y prueba de no discriminaciónEvitar inferir salud, vulnerabilidad u otros atributos sensibles
Evaluación de propuestasUtilizarla como apoyo administrativoCriterios publicados, auditoría y revisión humanaNo delegar la decisión final de financiación
Programas para beneficiariosDiseñar junto con la comunidadPruebas de utilidad, seguridad, accesibilidad y resultadosNo experimentar con poblaciones vulnerables sin salvaguardas
Financiación de IA para el bien públicoEvaluar problema, equipo, datos y sostenibilidadTeoría de cambio, pruebas técnicas y plan de mantenimientoNo confundir una demostración atractiva con impacto comprobado

Tres niveles que una estrategia filantrópica debe distinguir

1. IA utilizada dentro de la organización

El primer nivel comprende tareas administrativas, comunicaciones, traducción, búsqueda documental, análisis preliminar y apoyo a la captación de fondos. Su principal promesa es reducir carga operativa, pero el beneficio solo puede comprobarse cuando se mide el tiempo neto ahorrado después de incluir revisión, corrección, capacitación y gestión de errores.

El informe de TechSoup y Tapp Network encontró que el 85,6 % de los participantes exploraba herramientas de IA, mientras que solo el 24 % contaba con una estrategia formal. Además, el 43 % dependía de una o dos personas para tomar decisiones relacionadas con tecnología o inteligencia artificial, una limitación especialmente relevante para organizaciones pequeñas.

2. IA incorporada a programas sociales

En este nivel, la tecnología puede ayudar a ampliar servicios, adaptar materiales, identificar patrones, mejorar accesibilidad o apoyar decisiones de campo. El riesgo también aumenta porque los sistemas pueden influir sobre personas que no eligieron utilizarlos y que quizá no tengan mecanismos eficaces para cuestionar un resultado.

Por esa razón, no basta con demostrar que el modelo funciona técnicamente. La organización debe examinar quién queda representado en los datos, qué grupos podrían ser perjudicados, cómo se corrigen los errores y qué alternativa humana estará disponible.

3. IA financiada como infraestructura de interés público

La tercera dimensión aparece cuando una fundación financia investigación, herramientas abiertas, capacitación, infraestructura de datos o soluciones desarrolladas por organizaciones sociales. Candid informó en abril de 2026 que el 84 % de las organizaciones sin fines de lucro impulsadas por IA consultadas por Fast Forward necesitaba financiación para desarrollar y escalar sus soluciones. El mismo análisis señala que el capital flexible resulta especialmente importante antes de que un proyecto pueda demostrar resultados a gran escala.

Este enfoque permite que la IA Filantrópica no se concentre exclusivamente en comprar productos comerciales. También puede fortalecer capacidades compartidas, investigación independiente, herramientas accesibles y participación de comunidades que suelen estar ausentes del diseño tecnológico.

La brecha decisiva no está en el acceso, sino en la gobernanza

Los sistemas generativos pueden producir información incorrecta con una presentación convincente, mezclar datos confiables con inferencias, incorporar sesgos existentes o exponer información a terceros. Estas limitaciones adquieren mayor importancia cuando intervienen historias personales, expedientes de beneficiarios, datos de salud, situación migratoria, información financiera o registros de menores.

El marco voluntario de gestión de riesgos de inteligencia artificial del National Institute of Standards and Technology propone organizar el trabajo alrededor de cuatro funciones: gobernar, mapear, medir y gestionar. NIST aclara que el objetivo es integrar consideraciones de confiabilidad durante el diseño, desarrollo, uso y evaluación de los sistemas, y que su marco se encuentra en proceso de revisión.

Para una fundación o entidad social, estas funciones pueden traducirse así:

Gobernar

Asignar responsables, aprobar una política de uso, clasificar datos, definir actividades prohibidas y establecer cuándo una decisión requiere revisión humana.

Mapear

Identificar a las personas afectadas, el contexto de uso, los posibles daños, los proveedores involucrados y las consecuencias de un error.

Medir

Evaluar precisión, sesgo, seguridad, accesibilidad, utilidad, costos, reclamaciones y resultados relacionados con la misión.

Gestionar

Corregir fallas, limitar el uso, suspender herramientas, responder a incidentes y conservar alternativas que permitan continuar el servicio.

Los principios de la OCDE complementan este enfoque al promover sistemas centrados en las personas, transparentes, explicables, robustos, seguros y sujetos a rendición de cuentas. La organización actualizó estos principios en mayo de 2024 para responder a nuevos desarrollos tecnológicos y de política pública.

La prueba de doble impacto: misión y confianza

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Antes de considerar exitosa una iniciativa, Roberto Isaías propone observar dos resultados simultáneos: cuánto mejora la capacidad de cumplir la misión y qué ocurre con la confianza de donantes, empleados, beneficiarios y aliados.

Una herramienta puede acelerar el análisis de cientos de documentos y, aun así, fracasar si introduce información falsa en una recomendación. También puede reducir costos administrativos, pero perder legitimidad si las comunidades descubren que sus datos fueron reutilizados sin una explicación clara.

La prueba de doble impacto puede aplicarse mediante cinco preguntas:

  1. ¿La solución mejora un resultado que la organización ya había definido?
  2. ¿Las personas afectadas comprenden cuándo interviene un sistema automatizado?
  3. ¿Existe una forma real de revisar, cuestionar o corregir el resultado?
  4. ¿La organización puede explicar qué datos utiliza y por qué son necesarios?
  5. ¿El beneficio continúa siendo positivo después de incluir riesgos, costos y supervisión?

Una respuesta negativa no siempre obliga a abandonar el proyecto. Puede indicar que el caso de uso debe limitarse, que hace falta una prueba más pequeña o que el problema requiere una solución organizacional antes que tecnológica.

Equidad: pasar del conocimiento a la práctica

La investigación de Candid sobre 850 organizaciones encontró que el 80 % estaba familiarizado con la IA y el 64 % conocía los riesgos de sesgo. Sin embargo, solo el 36 % implementaba prácticas de equidad y aproximadamente el 15 % tenía una política organizacional de uso responsable. Estos resultados muestran que conocer el vocabulario ético no garantiza que existan procesos, presupuestos o responsabilidades para aplicarlo.

El Center for Effective Philanthropy también encontró que más del 80 % de las organizaciones sin fines de lucro encuestadas no participaba en actividades destinadas a promover una IA equitativa. Además, casi dos tercios de líderes de fundaciones y organizaciones sociales indicaron que ninguna persona o solo unas pocas dentro de sus equipos comprendían sólidamente la tecnología y sus aplicaciones.

Para Roberto Isaías, una política de equidad pierde valor si se limita a una declaración general. Debe influir en la selección de datos, el presupuesto, la contratación de proveedores, las pruebas, la participación comunitaria y los mecanismos de reclamación.

Errores que convierten una innovación en una nueva carga

Comprar primero y definir el problema después

Qué ocurre: la organización adquiere licencias porque la herramienta parece innovadora.

Cómo identificarlo: no existe una línea base, una necesidad priorizada ni un responsable del resultado.

Cómo evitarlo: formular el problema, medir el proceso actual y ejecutar un piloto con fecha de cierre.

Introducir datos sensibles sin revisar las condiciones

Qué ocurre: empleados cargan expedientes, listas de donantes o testimonios en servicios externos.

Cómo identificarlo: nadie puede explicar si los datos se almacenan, reutilizan o emplean para entrenar modelos.

Cómo evitarlo: clasificar la información, limitar accesos, revisar contratos y utilizar entornos aprobados.

Automatizar decisiones que requieren contexto

Qué ocurre: una puntuación o resumen termina definiendo qué propuesta recibe apoyo.

Cómo identificarlo: el equipo no puede reconstruir por qué una solicitud fue priorizada o descartada.

Cómo evitarlo: mantener criterios públicos, revisión humana y un procedimiento de reconsideración.

Medir volumen en lugar de resultados

Qué ocurre: se reportan textos generados, correos enviados o documentos procesados como si fueran impacto.

Cómo identificarlo: no existe relación entre la actividad tecnológica y la misión.

Cómo evitarlo: medir calidad, acceso, resultados del programa, confianza y efectos no previstos.

Financiar pilotos sin sostenibilidad

Qué ocurre: el proyecto funciona durante la subvención, pero desaparece al terminar el contrato o aumentar los costos.

Cómo identificarlo: no hay presupuesto de mantenimiento, propiedad clara de los datos ni plan de salida.

Cómo evitarlo: evaluar costos totales, dependencia del proveedor, interoperabilidad y capacidades locales.

Diez preguntas antes de financiar o desplegar una solución

El marco editorial utilizado por Roberto Isaías recomienda verificar:

  1. ¿Qué problema específico se intenta resolver?
  2. ¿Existe una alternativa más simple, económica o humana?
  3. ¿Quiénes se beneficiarán y quiénes podrían soportar el riesgo?
  4. ¿Qué datos necesita el sistema y con qué autorización se obtuvieron?
  5. ¿Qué errores puede cometer y cuál sería su consecuencia?
  6. ¿Cómo participarán las comunidades afectadas?
  7. ¿Qué decisiones permanecerán bajo responsabilidad humana?
  8. ¿Qué indicadores demostrarán un resultado vinculado con la misión?
  9. ¿Cómo se auditará al proveedor, al modelo y al proceso completo?
  10. ¿Qué ocurrirá si la herramienta deja de ser segura, asequible o disponible?

Este filtro permite evaluar calidad y responsabilidad sin exigir que cada organización se convierta en un laboratorio tecnológico.

Qué significa este cambio para la filantropía estadounidense

Estados Unidos combina un volumen elevado de donaciones, un ecosistema tecnológico avanzado y una red muy diversa de organizaciones sin fines de lucro. Esa combinación puede acelerar la innovación, pero también ampliar las diferencias entre instituciones con equipos especializados y entidades comunitarias que apenas cuentan con recursos tecnológicos.

Candid encontró que el 90 % de los líderes de organizaciones sociales encuestados quería utilizar más IA, mientras que solo el 17 % afirmó que sus financiadores había iniciado conversaciones sobre sus necesidades relacionadas con la tecnología. El dato sugiere que el apoyo no debería limitarse a pagar licencias: también debe cubrir formación, gobernanza, investigación, seguridad, tiempo del personal y evaluación.

La IA Filantrópica será más útil cuando las fundaciones traten la capacidad tecnológica como parte de la infraestructura organizacional, de la misma manera que financian liderazgo, administración, evaluación o fortalecimiento institucional. Financiar una herramienta sin financiar las condiciones para utilizarla responsablemente traslada el riesgo a la organización beneficiaria.

Preguntas frecuentes

El criterio que debe permanecer humano

La tecnología puede procesar más información de la que un equipo podría revisar manualmente, pero no posee por sí misma la legitimidad para definir prioridades sociales. Esa legitimidad proviene de la misión, la evidencia, la participación de las comunidades y la responsabilidad de quienes administran los recursos.

La visión asociada con Roberto Isaías entiende la IA Filantrópica como una capacidad que debe estar al servicio de las personas, no como un sustituto de la relación humana que hace posible la solidaridad. El avance más valioso no será el sistema que automatice más decisiones, sino el que permita actuar con mayor claridad, aprender con evidencia y conservar la confianza mientras amplía el impacto.