Filantropía participativa: quién decide importa | Roberto Isaías

Escuchar a una comunidad no significa necesariamente compartir decisiones con ella. La filantropía participativa comienza precisamente donde termina la simple consulta: cuando las personas afectadas por un problema adquieren influencia concreta sobre prioridades, criterios, recursos o selección de beneficiarios.

Resumen ejecutivo

La participación filantrópica puede abarcar desde escuchar sistemáticamente a una comunidad hasta transferirle autoridad sobre decisiones de financiación. No todos esos niveles son equivalentes.

Grantmakers for Effective Organizations encontró en su estudio nacional de 2025 que 42% de los 765 grantmakers encuestados declaró utilizar participatory grantmaking, una señal de adopción importante en Estados Unidos, aunque el propio sector todavía carece de evidencia suficiente para determinar con precisión la calidad y los resultados de todas esas experiencias.

La evidencia reciente también revela una brecha entre escuchar y comprender. En una investigación de Center for Effective Philanthropy, 71% de los líderes de fundaciones consideró que sus prioridades estaban “muy bien alineadas” con las necesidades comunitarias; entre las organizaciones sin fines de lucro consultadas, solo 24% dijo que la mayoría o todos sus financiadores tenían prioridades que reflejaban una comprensión profunda de esas necesidades. Las muestras no representan relaciones emparejadas entre una fundación y su beneficiario, pero la diferencia revela una percepción que merece atención.

La pregunta relevante, por tanto, no es solamente si una fundación escucha. Es qué puede decidir la comunidad después de ser escuchada.

¿Qué es la filantropía participativa?

La filantropía participativa es un conjunto de prácticas mediante las cuales las personas y comunidades afectadas por las decisiones filantrópicas participan en ellas con distintos grados de influencia y autoridad.

Dentro de ese universo, el participatory grantmaking es más específico: implica transferir poder sobre decisiones de financiación, incluidos en sus formas más profundas los criterios, prioridades o estrategias que determinan cómo se distribuyen los recursos. Candid describe la práctica más amplia como un continuo de participación, mientras que la Participatory Grantmaking Community define el grantmaking participativo por la cesión de autoridad decisoria a las comunidades servidas.

Un financiador aplica un modelo verdaderamente participativo cuando la comunidad no funciona únicamente como fuente de información. Debe quedar claro qué decisiones puede influir o tomar, cómo se eligen sus representantes, qué recursos reciben para participar, cómo se gestionan conflictos de interés y qué ocurre con las decisiones adoptadas.

Cinco ideas clave

  • Escuchar no equivale a compartir poder. Una encuesta o grupo focal puede informar una estrategia sin modificar quién toma la decisión final.
  • La participación admite grados. Co-diseñar criterios representa más autoridad que responder una consulta, pero menos que decidir directamente la asignación.
  • Participar tiene costos. Tiempo, accesibilidad, facilitación y compensación deben formar parte del presupuesto.
  • La representación importa. Un pequeño comité no puede asumirse automáticamente como portavoz de toda una comunidad.
  • El proceso también debe evaluarse. Satisfacción de participantes, decisiones adoptadas y resultados comunitarios son dimensiones diferentes.

La pregunta que cambia el modelo: ¿quién conserva el derecho a decir no?

Filantropía_participativa_Roberto_Isaias_Infografía

Muchas iniciativas se describen como comunitarias porque organizan conversaciones, encuestas o sesiones de escucha. Esas prácticas pueden ser valiosas, pero no convierten por sí solas una estrategia en participativa.

Center for Effective Philanthropy encontró en su estudio Voices That Matter que 92% de las fundaciones encuestadas consideraba especialmente útil el conocimiento de las organizaciones que financiaban y 89% valoraba la información proporcionada directamente por las personas que buscaban beneficiar. Sin embargo, escuchar información útil sigue siendo diferente de entregar autoridad para decidir.

Esta distinción es central para el marco planteado para Roberto Isaías. En lugar de preguntar solamente “¿participó la comunidad?”, conviene preguntar: ¿qué decisión habría sido distinta si la comunidad hubiera elegido otra opción?

Si la respuesta es “ninguna”, probablemente existió consulta, pero no una transferencia significativa de poder.

Escala de poder: desde informar hasta decidir

La participación puede entenderse mejor como una escala que como una etiqueta binaria.

NivelPapel de la comunidadQuién conserva la decisión finalRiesgo de interpretación
EscuchaExplica necesidades y experienciasFunderPresentar consulta como cogobierno
Co-diseñoAyuda a definir prioridades o criteriosGeneralmente compartido o funderIgnorar qué elementos ya estaban cerrados
RecomendaciónEvalúa propuestas y propone asignacionesFunder o boardSolicitar trabajo experto sin autoridad suficiente
Decisión participativaSelecciona beneficiarios o distribucionesComunidad dentro del mandato acordadoLimitar el monto a una fracción simbólica
Gobernanza compartidaParticipa también en estrategia, revisión o gobiernoAutoridad distribuidaCambiar personas sin cambiar reglas institucionales

La tabla no pretende crear una clasificación universal. Sirve para obligar a una organización a declarar con precisión qué está compartiendo y qué continúa controlando.

Estados Unidos: la participación ya no es una práctica marginal, pero todavía necesita evidencia

La investigación nacional de GEO publicada en noviembre de 2025 reunió respuestas de 765 grantmakers estadounidenses. El 42% manifestó haber empleado participatory grantmaking entre 2022 y 2024. GEO aclara que 35% de la muestra pertenecía a su propia organización, por lo que el resultado debe leerse como una fotografía amplia del sector, no como un censo de todas las fundaciones estadounidenses.

Un caso reciente muestra cómo puede traducirse esa idea a decisiones reales. En agosto de 2026, Council on Foundations documentó una experiencia de The Chicago Community Trust en la que 20 residentes de Chicago participaron en la decisión sobre US$1,6 millones, interviniendo además en elementos como el diseño de la solicitud de propuestas y la rúbrica de evaluación.

Sin embargo, expansión no equivale a efectividad demostrada. Un análisis publicado en marzo de 2026 por ORS Impact y Fund for Shared Insight advierte que gran parte de la documentación disponible ha medido quién participa, cómo se forman los comités o qué tan satisfechas quedan las personas, mientras que todavía es necesario investigar mejor los efectos institucionales y comunitarios. Sus autores sintetizan el problema con una idea útil: el potencial de una práctica no debe confundirse con evidencia de resultados.

Ese límite es importante. La filantropía participativa no debería venderse como una fórmula que garantiza más impacto. Su ventaja más defendible es otra: introduce conocimiento situado y redistribuye influencia sobre decisiones que tradicionalmente pertenecían exclusivamente al financiador.

Filantropía participativa y filantropía basada en la confianza no son sinónimos

Ambos enfoques cuestionan desequilibrios de poder, pero actúan sobre zonas distintas de la relación filantrópica.

La filantropía basada en la confianza enfatiza la relación entre financiadores y organizaciones: financiamiento flexible, procesos simplificados, transparencia, retroalimentación y apoyo más allá del grant. El Trust-Based Philanthropy Project describe seis prácticas concretas alrededor de esos principios.

El modelo participativo va un paso diferente: pregunta quién decide.

Una fundación puede ofrecer financiamiento multianual y sin restricciones, reducir reportes y confiar ampliamente en sus grantees, pero mantener bajo control exclusivo toda selección de organizaciones. Sería una relación basada en confianza sin necesariamente utilizar participatory grantmaking.

También puede ocurrir lo contrario: una comunidad puede decidir una cartera de grants dentro de un proceso participativo, mientras otros aspectos de la relación con los beneficiarios permanecen burocráticos.

Los enfoques pueden complementarse, pero no deben confundirse. El propio Trust-Based Philanthropy Project reconoce que comparten principios relacionados con poder, equidad y conocimiento comunitario sin ser modelos idénticos.

Antes de invitar a la comunidad, hay cuatro decisiones que el financiador debe resolver

Un proceso débil comienza seleccionando participantes antes de definir qué podrán decidir. Uno sólido hace lo contrario.

1. Delimitar qué está realmente abierto a decisión

El financiador debe declarar desde el inicio qué elementos son negociables.

¿La comunidad escogerá organizaciones? ¿Definirá criterios? ¿Podrá modificar prioridades? ¿Decidirá solamente sobre un fondo específico? ¿El board conservará capacidad de veto?

Una participación transparente puede tener límites. El problema aparece cuando esos límites se descubren después de que las personas ya invirtieron tiempo.

2. Elegir participantes sin confundir visibilidad con representación

No siempre las personas más visibles son quienes mejor representan experiencias diversas.

La selección puede considerar conocimiento del territorio, experiencia vivida, diversidad de perspectivas, vínculos comunitarios y exposición directa al problema. También conviene explicar públicamente cómo se construyó el grupo.

Representar una comunidad completa es prácticamente imposible. Un diseño responsable reconoce ese límite en vez de ocultarlo.

3. Presupuestar la participación como trabajo

Escuchar experiencias personales y solicitar análisis de propuestas requiere tiempo y conocimiento.

Listen to Community recomienda integrar la compensación desde el presupuesto inicial y tratarla como un costo normal del proceso. También aconseja reducir barreras administrativas y considerar las circunstancias de quienes participan.

Para el enfoque planteado alrededor de Roberto Isaías, esta regla tiene una consecuencia práctica: si una estructura filantrópica paga a abogados, consultores o evaluadores por su conocimiento, debería justificar cuidadosamente por qué espera recibir gratuitamente conocimiento comunitario especializado.

4. Diseñar conflictos de interés antes de que aparezcan

Las redes comunitarias están conectadas por naturaleza. Una persona puede conocer a una organización candidata, haber trabajado con ella o estar vinculada a una causa relacionada.

Un modelo demasiado rígido puede excluir precisamente a las personas con mayor conocimiento del ecosistema.

La solución no es ignorar los conflictos. Consiste en declararlos, definir reglas de recusación cuando corresponda y establecer criterios claros antes de revisar solicitudes. El Participatory Philanthropy Toolkit dedica herramientas específicas a esta dimensión.

La prueba de la silla vacía: diez señales de participación real

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Esta es la sección exclusiva de este artículo. Antes de describir un programa como participativo, el marco editorial de Roberto Isaías propone revisar diez preguntas:

  1. ¿Existe al menos una decisión material que la comunidad pueda cambiar?
  2. ¿Los participantes saben desde el comienzo dónde termina su autoridad?
  3. ¿Los criterios se definieron antes de conocer qué organizaciones resultarían favorecidas?
  4. ¿Existe una explicación razonable de quién participa y quién quedó fuera?
  5. ¿Las personas reciben tiempo, información y formación suficientes para decidir?
  6. ¿Se han presupuestado compensación, accesibilidad, traducción o apoyos necesarios?
  7. ¿Los conflictos de interés tienen reglas conocidas?
  8. ¿El funder puede explicar cuándo y por qué podría intervenir sobre una decisión?
  9. ¿Se comunica posteriormente qué ocurrió con las recomendaciones?
  10. ¿La evaluación estudia tanto la experiencia del comité como las consecuencias de sus decisiones?

El propósito no es asignar una puntuación. Es hacer visible dónde existe poder real y dónde solo existe lenguaje participativo.

Tres formas de convertir la participación en algo simbólico

Invitar a decidir cuando casi todo ya está decidido

Qué ocurre: presupuesto, prioridades, criterios y organizaciones elegibles quedaron cerrados antes de incorporar a participantes.

Cómo identificarlo: el comité solo puede ordenar opciones previamente seleccionadas.

Cómo reducirlo: incorporar participación desde la definición del problema o describir honestamente el proceso como consulta.

Extraer conocimiento sin financiarlo

Qué ocurre: organizaciones y residentes aportan horas de entrevistas, reuniones o revisión de propuestas sin recursos suficientes.

Cómo identificarlo: el costo de participación recae desproporcionadamente sobre quienes tienen menos capacidad institucional.

Cómo reducirlo: presupuesto explícito para compensación, preparación y accesibilidad.

La investigación de CEP muestra por qué esto merece atención: 56% de las nonprofits encuestadas declaró que ninguno de sus financiadores proporcionaba apoyo financiero o no monetario para recopilar feedback, aunque los financiadores valoraban ampliamente esa información.

Confundir satisfacción con impacto

Qué ocurre: una evaluación concluye que la experiencia funcionó porque los participantes se sintieron escuchados.

Cómo identificarlo: no existe análisis de cambios en las decisiones, la institución o los resultados comunitarios.

Qué hacer para reducirlo: evaluar proceso, resultados y efectos sobre diferentes actores.

Cómo medir sin convertir la participación en una promesa

ORS Impact propone evaluar estas experiencias considerando tres grupos: participantes, institución financiadora y comunidad más amplia; además, diferencia entre proceso, resultados y efectos comunitarios.

Ese enfoque permite formular preguntas más exigentes.

Para los participantes: ¿comprendieron su autoridad?, ¿pudieron intervenir en condiciones razonables?, ¿su conocimiento modificó decisiones?

En la organización financiadora: ¿cambiaron criterios, relaciones, procedimientos o comprensión del problema?

Para la comunidad: ¿los recursos llegaron a organizaciones diferentes?, ¿se modificaron prioridades?, ¿aparecieron efectos no previstos?

Evaluar filantropía participativa de esta forma evita dos errores opuestos: descartarla porque resulta más compleja que el grantmaking tradicional o asumir que es superior simplemente porque incorpora más voces.

Preguntas frecuentes

El poder filantrópico también puede diseñarse

El dinero determina cuánto puede financiarse. La gobernanza determina quién puede decidir qué merece financiación.

La adopción creciente del participatory grantmaking en Estados Unidos demuestra que esa segunda pregunta está entrando con fuerza en la práctica filantrópica. Al mismo tiempo, la investigación obliga a evitar conclusiones fáciles: participación, calidad e impacto no son sinónimos.

Para Roberto Isaías, el criterio que articula este análisis consiste en hacer explícita la distribución de autoridad. Una iniciativa madura no necesita afirmar que ha eliminado todos los desequilibrios de poder; necesita demostrar qué poder comparte, con quién, bajo qué reglas y qué aprende de los resultados.

La filantropía participativa empieza a ser sustantiva cuando la voz de la comunidad puede producir una decisión distinta.


Fuentes verificadas

  1. Grantmakers for Effective Organizations. “2025 National Study of Philanthropic Practice”. 2025. Estudio de 765 grantmakers y fuente del dato de 42% sobre participatory grantmaking.
    2025 National Study of Philanthropic Practice
  2. Center for Effective Philanthropy. “Voices That Matter: How Nonprofits and Foundations Engage With the Communities They Support”. 2025. Investigación basada en 241 nonprofits y 243 fundaciones; utilizada para contrastar escucha, comprensión comunitaria y apoyo al feedback.
    Voices That Matter — CEP
  3. Jasmine Burnett y Juan Clavijo, ORS Impact / Fund for Shared Insight. “Evaluating Participatory Grantmaking: A Learning Imperative for Funders Seeking to Shift Power”. 2026. Fuente para los límites actuales de evidencia y el marco de evaluación.
    Evaluating Participatory Grantmaking
  4. Listen to Community. “Participatory Philanthropy Toolkit”. Recurso práctico sobre diseño, compensación, conflictos de interés y evaluación de procesos participativos.
    Participatory Philanthropy Toolkit
  5. Participatory Grantmaking Community. “Participatory Grantmaking Basics”. Fuente especializada para la definición de cesión de poder decisorio.
    Participatory Grantmaking Resources
  6. Candid. “Participatory Philanthropy for Individual Donors”. 2021. Utilizada para distinguir el concepto amplio de participatory philanthropy del grantmaking participativo.
    Participatory Philanthropy for Individual Donors
  7. Trust-Based Philanthropy Project. “Participatory Grantmaking and Trust-Based Philanthropy”. Fuente para diferenciar y relacionar los dos enfoques.
    Participatory Grantmaking and Trust-Based Philanthropy
  8. Council on Foundations. “How 20 Chicagoans Came Together to Make $1.6 Million in Grants”. 2026. Caso estadounidense reciente de toma participativa de decisiones.
    Chicago participatory grantmaking case